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Qué visitar


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Se trata de una ermita sencilla, sin demasiados aderezos ni bienes religiosos significativos, El exterior, envuelto en la blancura de la cal, permite distinguir en su cubierta tos dos volúmenes correspondientes al presbiterio elevado en altura, a cuatro aguas, y en un nivel inferior la cubierta de la nave, a dos aguas, ambos ut1lizando teja árabe. La fachada se centra por la puerta de entrada, de madera claveteada, recercada por una portada de piedra con arco rebajado, con la clave resaltada, y una ventana a cada lado también recercadas de piedra. En eje con la puerta aparece una espadaña con campana. Otros huecos se abren desde el presbiterio: un ojo de buey con moldura de piedra y una ventana sin recercar. El interior presenta una sola nave de cubierta adintelada, separada simbólicamente~ por dos barandas, del espacio principal que es el presbiterio, el cual) a su vez. se eleva ligeramente y se cubre con cúpula sobre pechinas decoradas con los atributos del escudo de Martos; asimismo se completa con coro en alto, a los pies y capilla :funeraria bajo el coro a la que se accede por una bella puerta de hierro fechada en 1903.


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Se celebra el lunes de Pascua en la aldea de la Pedriza.


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Se celebran del 7 al 11 de septiembre para rendir culto a Nuestro Padre Jesús Nazareno. Concursos, juegos deportivos, actuaciones musicales y verbenas populares amenizan los días festivos en honor al Patrón de Castillo de Locubín.


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La Vía Verde del Aceite se presenta como una oferta turística muy interesante para el disfrute, aprovechamiento y recuperación del viejo ferrocarril abandonado Jaén-Campo Real (Córdoba) se ha convertido en un pasillo ideal para la práctica del cicloturismo, senderismo y otros deportes en contacto directo con la naturaleza. Construido entre 1882 y 1893, este ferrocarril se utilizó para transportar distintos metales procedentes de las minas de Linares y, sobre todo, el abundante aceite de oliva producido en la comarca. Por ello, se denominó popularmente el Tren del Aceite. Su recorrido permite deleitarse de los contrastes naturales que ofrece la comarca, en la que se aúnan los paisajes serranos y la campiña. Todo su trazado, desde Jaén hasta el límite provincial, pasando por los municipios de Torredelcampo, Martos y Alcaudete, discurre serpenteando terrenos de campiña olivarera que configuran un paisaje de autentico mar de olivos salpicado por cortijos típicos andaluces. La presencia de las Sierras de Jabalcúz, la Grana, la Caracolera y del Ahillos, situadas muy próximas al Sur y al Este de la Vía Verde, proporcionan diversidad al relieve y al paisaje. Se trata de una vía adaptada para pasear, hacer ejercicio o simplemente disfrutar de la naturaleza y la campiña olivarera. En el municipio de Alcaudete, junto a la antigua estación de tren, podremos encontrar un área recreativa, equipadas con merenderos, sombras, aparcamiento y todo lo necesario para recrearse con el entorno. El inicio de la Vía Verde se localiza en Jaén capital. A unos dos kilómetros del arranque, la vía férrea sucumbió bajo el trazado de la autovía de circunvalación jiennense, pero un cercano paso inferior y unos caminos rurales han servido para dar continuidad al trazado de la Vía Verde que nos lleva a la primera estación de la ruta, Torredelcampo, situada en el Km 11, dispone de una fuente de agua y es la primera de las grandes estaciones de la ruta. Situado en el Km 12, el puente de la Piedra del Águila vuela durante 104 m sobre el arroyo del mismo nombre. El próximo municipio será  Torredonjimeno, para dirigirnos hacia el casco urbano de Martos bajo su imponente Peñón. Este se eleva a 350 m sobre la ciudad y nos sirve también de referente altimétrico, indicándonos que hemos coronado la cima de la Vía Verde (650 m.). Desde este lugar se inicia un descenso, prácticamente ininterrumpido, hasta el final de la ruta en el río Guadajoz. La parada en Martos la haremos, cómo no, a la sombra de la marquesina de la estación (Km 23) que, como todo el conjunto de edificios, se conserva en bastante buen estado. Desde aquí seguimos nuestro sinuoso descenso hacia el Salado, contorneando para ello la cota del Cerro de la Capellanía. Al final de esta revuelta nos topamos con el valle excavado por el Arroyo Salado. El ferrocarril salvó este cauce por un puente metálico, de 208 m de longitud y apoyado en dos pilares de sillería (Km 34), una de las obras más majestuosas del recorrido. Poco a poco, lo abrupto sustituye a las lomas, acercándonos a las estribaciones serranas de la Subbética. Pronto nos encontremos la solitaria estación de Vado-Jaén (Km 37). La vía continúa por la hacía un pequeño puerto, para dar paso a trazados de dominante recta, con grandes panorámicas paisajísticas, generadas por el cercano valle del Víboras y, al otro lado del río, las cumbres de Ahillos.En el Km 42 llegamos precisamente al punto donde la vía cruza el río, mediante otro espectacular viaducto metálico. La celosía de 224 m de longitud se eleva como un perfecto mirador sobre el valle. Al pie del viaducto se eleva el puente medieval sobre el Víboras. Seguimos el descenso, pasando a los pocos metros por una abandonada cantera de balasto ferroviario: la cantera de La Muela. Camino de la siguiente estación, Alcaudete, la Vía Verde utiliza dos antiguos puentes metálicos del ferrocarril, sobre los arroyos del Chaparral y de la Esponela, ambos de 70 m. A partir de la estación de Alcaudete, la traza abandona la monotonía de los olivos, dejando paso a un paisaje más natural, con vegetación mediterránea muy aclarada. El valor natural de la zona se acrecienta al pasar, poco más adelante, junto a la Reserva Natural Laguna Honda (Km 50). Situada a la izquierda del camino, este espacio natural protegido tiene su mejor atalaya desde la propia Vía Verde.Desde aquí nos internamos en el último tramo de la ruta. Se trata de tres kilómetros en los que la vía traza dos profundas curvas en torno a la Loma de Desgarradero. En el Km 52 se cruza el barranco del Desgarradero por un nuevo puente metálico de 83 m, aperitivo del espectacular viaducto del río Guadajoz. Este increíble mecano se eleva sobre dos pilas de vigas de hierro articuladas que sostienen una gran celosía de 200 m de longitud. Las aguas del Guadajoz han propiciado la formación de un gran tarajal aguas arriba del puente, asiento de una viva colonia pajarera. Aguas abajo del viaducto, el Guadajoz no fluye, ya que, en época de lluvias, el nivel del embalse de Vadomojón llega hasta las mismas pilas del viaducto. Al otro lado del viaducto la vía prosigue su trazado en la provincia de Córdoba hasta las Navas del Selpillar, ruta igualmente acondicionada de 58 Kms de longitud por la Comarca de la Subbética cordobesa.


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Se celebran los días 16 y 17 de agosto en la aldea de Mures.


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Distintivo de calidad turística